lunes, 8 de octubre de 2012

El vientre de un blogger. (II)




(Viene de la primera parte )

No pertenezco a ese grupo de personas que ante cualquier molestia sale corriendo llena de zozobra hacia el consultorio médico. En mi opinión la medicina se ha convertido en una especie de causa judicial de trámite lento, donde uno debe ir reuniendo evidencias de lo enfermo que se encuentra para que al final alguien dicte un diagnóstico-sentencia, que luego será apelado y corregido hasta que, con suerte, la cuestión de fondo devendrá abstracta porque usted se habrá curado, habrá fallecido, o habrá aprendido a vivir con lo que sea que le molestaba al principio.

Con esto en mente, cuando llego a la instancia de ser recibido por un facultativo voy preparado para describir mis síntomas, su evolución, lo que he hecho para combatirlos y su resultado, todo con sus correspondientes referencias temporales. Creo que de esa manera ahorramos tiempo, el profesional tiene la información resumida, sin anécdotas intrascendentes y sabe lo que uno ha probado de manera que no tiene que repetirlo.

Todo es inútil, por supuesto: el doctor me trata exactamente  igual que al paciente que va y le dice  "tengo como un dolor más o menos por acá, creo".

Esta no fue la excepción, el galeno fingió escucharme, me dio una serie de órdenes para análisis de sangre y orina, otra para una ecografía abdominal (tal vez sospechara que estaba embarazado) y, despertando en mí el pequeño destello de una esperanza naciente, la receta para adquirir en la farmacia un laxante de potencia industrial.

Todos los estudios llevan tiempo, pero comprar el poderoso elixir laxativo me llevó apenas unos  minutos. Luego de leer rápidamente el prospecto que acompañaba la botellita y comprobar que entre sus efectos secundarios "poco probables" estaban la ceguera, la esquizofrenia, la caía de uñas y la muerte (tengo la teoría de que cualquier medicamento serio debe incluir entre sus efectos la baja probabilidad de efectos secundarios espantosos), me mandé un trago ahí mismo ante la mirada curiosa de un par de transeúntes.

Ah, cuánta fe había depositado en ese líquido denso, transparente y dulzón, que habría de disciplinar a fuerza de moléculas a mis intestinos díscolos. Con serena confianza, mientras salían los resultados de mis análisis con el invariable signo de la normalidad, ingería tres veces por día la pócima definitiva.

La fe se pierde de a poquito. No es que un día uno se levante de la cama  con talante de apóstata, hacen falta pequeñas desilusiones, una cantidad de promesas incumplidas, una serie de evidencias que van royendo las bases de la confianza.
En mi caso bastaron dos semanas de libar cucharada tras cucharada del pegajoso brebaje, que no sólo no mejoró en nada mi peristalsis, sino que me provocó un efecto secundario que podríamos  calificar , al menos, de incómodo
En efecto, no sufrí ceguera ni esquizofrenia ni caída de uñas, pero quizás como una alegoría de lo insustancial de las promesas incumplidas, comencé a acumular gases intestinales de manera dolorosa y alarmante. Y a liberarlos de manera que alarmaba a todo el que estuviera en un radio de unos doce metros. Es muy posible que la ceguera, la caída de uñas y la esquizofrenia fueran, después de todo, efectos secundarios que hayan sufrido quienes hayan sido expuestos a mi presencia durante esos gaseosos días.

Volví a ver al doctor con los resultados de los estudios y con el abdomen henchido de anhídrido carbónico, nitrógeno, oxígeno, hidrógeno y algo de metano. Le conté de la nula eficacia del remedio que me había recetado, y de lo mal que estaba resultando el asunto para mi entorno más cercano, incluyendo animales y plantas. Ilustré mi exposición con la liberación de una muestra de exquisita calidad, con un toque de anhídrido sulfúrico que remitía inmediatamente al aroma particular de los huevos podridos. 
Por más curtido que hubiera estado con los años de profesión, el clínico no pudo evitar un parpadeo rápido y un gruñido cargado de comprensión y náuseas. 
Me habló de laxantes sistémicos, ecuménicos y aristotélicos (bueno, algo así, la verdad es que no le estaba prestando mucha atención), de la pérdida de motilidad, de las posibles causas de obstrucciones intestinales, de la dieta, del stress, en resumen, intentó tranquilizarme de muchas maneras sin notar que yo no estaba nervioso, sino harto.

Era hora de acudir al especialista. 

Tal vez los amables lectores se pregunten por qué no fui al especialista en primer lugar. La razón es obvia : porque es un especialista. A no ser que el problema esté claramente delimitado (un hueso roto nos hace ir al traumatólogo , sin dudas), los especialistas solamente se fijan en su área de expertise , y ya podemos ir nosotros con un ojo fuera de la órbita, que el dermatólogo lo único que nos dirá es que tenemos el cutis un poco seco, o que ese lunar no le gusta nada.
Por eso siempre llego al especialista después de haber perdido una generosa cantidad de tiempo con un generalista que no me ha dado ningún diagnóstico. 

En esta oportunidad el especialista indicado se llama gastroenterólogo , un nombre bastante feo para una actividad que supone hurguetear por lugares un poco desagradables. Pero cada quién con su vocación, vea. Incluso hay escribanos.

El gastroenterólogo fue muy expeditivo. No llegó a escuchar mi historia completa, miró por encima todos los análisis y dijo inmediatamente, "acá hay que ver si hay un caño tapado, y por qué". Un sabio, el hombre.
Y bueno, continuó, "nosotros tenemos una sola manera de ver si hay un caño tapado", así que...

Así que me fui de la entrevista con el especialista con una orden para hacer una serie de estudios prequirúrgicos con vistas a un procedimiento llamado videocolonoscopía, cuyos complejos detalles técnicos resumiré en pocas palabras : me iban a meter una pequeña cámara de televisión por el antifonario para ver lo que tenía adentro.

(Continuará)

Buenas noches



PD: ¿Ya votó a este blog en las categorías "Personal" y "Humor" de los Premios Bitácoras? No quisiera alarmarlo  pero la cosa no va tan bien como otros años, que a esta altura ya estábamos entre los tres primeros. Está bien, no le importa. Bueno, entonces hágame el favor, porque sí nomás, porque yo se lo pido.  Si le da mucho trabajo hacer click en el botón de arriba y a la derecha de la pantalla, puede hacer click AQUÍ . Ah, ¿eso también le cuesta? Bien, me rindo. Qué barbaridad. 



12 comentarios:

Hugo dijo...

Los detalles se están volviendo cada vez más escabrosos...

Leni dijo...

Que buena manera de vengarse de los galenos, esa de soltarle un poco de gas metano en sus narices. Fino fino.

Martin R dijo...

Avise cuando esté en youtube. No cualquiera puede mostrar su rica vida interior al mundo.

carancho dijo...

Don Bugman, un consejo amistoso.
Ahora que solucione la huelga de sus tripas, vaya con máxima urgencia a un oftalmólogo.
Seguro que fue a un gastroenterólogo?
Da la impresión que pasó por la plomeria del barrio.
Por "caños tapados" a mí me "recetaron" sosa cáustica. Se solucionó de forma inmediata.
Pero no lo recomiendo para sus tiernas vísceras.
Por favor, cuídese mucho.

ADENOZ dijo...

Basta de violencia! A mí no me "arma" nadie!

Nefertiti dijo...

Ouch... llegué a la palabra "videocolonoscopía" y todo el resto del artículo se me volvió borroso.
Gracias a mi padre, sé que a partir de los 40 voy a tener que empezar a hacerlo. Malditos genes... me niego...

Neidorf ! dijo...

Su relato viene rsultando tan vívido, tan meticuloso, tan detalladamente gráfico, que ya se me frunció...

Zeithgeist dijo...

Ahhhhhhh nada como q te hagan un tacto rectal y te digan asi como quien habla del clima: relajadito, relajadito que si se escapa algo no pasa nada. COMO Q NO PASA NADA CONCHADETUMADREASQUEROSO??

Anónimo dijo...


Que lo sometan a la canallada de una violación es intolerable, pero que además, cometan la ignominia de filmarlo escapa a todo raciocinio.

Intuyo lo que vendrá después, que digan de usted lo que siempre dicen de los que niegan su pasado oscuro: "nadie resiste un archivo".

No pasarán.



JuanRa Diablo dijo...

Por favor, me publique la tercera parte fuera de los horarios de refrigerio, sivuplé, que no se me alarmen mis conductos.

Bugman dijo...

Hugo, todavía no ha visto nada. Bueno, leído.

Leni, le aseguro que el matasanos se lo había buscado.

Martin R, sabe que no me dieron el DVD?

carancho, mire, si era un plomero, era sumamente sofisticado.

Adenoz, muy perspicaz. Ahora lo corrijo, gracias.

Nefertiti, mire, no se preocupe. El procedimiento es bajo anestesia, el asunto es...bueno, no quisiera arruinar el siguiente capítulo.

Neidorf! Ojo, que así empiezan los problemas. No deje que se le frunza, relájese, relájese.

Zeithgeist, nada de tacto. Estamos hablando de una cámara miniatura en la punta de una larga manguera. Tacto, ja. Ojalá.

Anónimo , no quiero adelantarle nada, pero, sí. Indudablemente.

JuanRa Diablo, haré lo posible, pero lo mejor va a ser que usted lo lea cuando lo crea más conveniente. Y es cierto, el siguiente capítulo puede herir la sensibilidad de algunas personas. De cualquiera que respire, por ejemplo.

Janina Lynet Rolin dijo...

un año despues de esta entrada y te leo...pero que me ha dado risa nerviosa de imaginarme! saludos!

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