domingo, 3 de junio de 2012

Recuerdos del fin del mundo (tercera parte)



(Viene de la segunda parte)

Con mi socio, nos dedicamos un par de días a evaluar la situación. Pronto, estuvimos de acuerdo en que las grandes empresas y bancos ya se estaban dedicando al problema,  probablemente desde antes de que se hiciera público. Además, no teníamos ni los conocimientos ni los recursos necesarios para encarar un proyecto de consultoría a gran escala (1).

Nuestros clientes, eran, en general, pequeñas empresas y profesionales independientes cuya cultura informática se limitaba a no introducir alimentos adentro del monitor pensando que era un horno de microondas (2). La percepción de estas buenas gentes acerca del problema del año 2000 era entre difusa e inexistente. En otras palabras, no tenían miedo, y esa antipática actitud hacía que se mostraran renuentes a darnos dinero a los consultores informáticos para salvarlos de un peligro inexplicable.

Como la falta de temor puede provenir tanto del conocimiento como de la ignorancia, decidimos combatir la segunda proporcionando el primero. O algo así.
Lo que hicimos fue una especie de boletín informativo que se distribuía vía correo electrónico, que contenía algunas nociones generales de informática, algunas noticias, algún artículo en tono jocoso, y, por supuesto, sutiles referencias al efecto Y2K . No empezamos gritando ¡USTED ESTÁ CONDENADO A PERDER TODAS SUS POSESIONES Y A SOBREVIVIR COMIENDO BICHOS DE LA CORTEZA DE ÁRBOLES PODRIDOS A MENOS QUE NOS PAGUE MUCHO DINERO AHORA MISMO! sino que, lentamente, comenzamos a introducir el tema. Lo que se dice, toda una operación de prensa.

Mientras esperábamos que en nuestros clientes se despertara la curiosidad, que diera paso al interés, para convertirse en preocupación y luego en alarma, estudiábamos las opciones de servicios que podíamos ofrecerles cuando vinieran a golpearnos la puerta dando alaridos y arrancándose el cabello a mechones.
Decidimos centrarnos en los equipos informáticos, es decir las computadoras y servidores, ya que no conocíamos a nadie que estuviera a nuestro alcance que usara software de los 70 que hubiera costado millones de dólares y valiera la pena modernizar. La idea era dar a entender que las computadoras fabricadas antes de 1997 estaban en peligro de fallar más allá de todo arreglo a la hora cero del 1 de enero de 2000, y nosotros podríamos salvarlas.

Una exhaustiva investigación de mercado (3) dio como resultado el hallazgo de dos maravillosos productos que salvarían el futuro de nuestros bienamados clientes al proteger sus valiosos equipos informáticos y el nuestro al proporcionarnos unas ganancias que nos permitirían retirarnos a los cuarenta e irnos a vivir a la Polinesia.

En primer lugar, encontramos el Millenium Bug Fix, un software que aseguraba que analizaba su computadora y luego de correr una serie de pruebas informaba si estaba en peligro de sufrir la muerte por Y2K-itis. El criterio en que se basaba este software para hacer la evaluación era desconocido, y la explicación que tenían en la página web era jerigonza técnica sin ningún significado real, pero las pantallas que se mostraban mientras corrían las pruebas eran sospechosamente parecidas a lo que el público en general está acostumbrado a ver en las películas: algo que está haciendo "cosas" y que muestra barras de progreso que se mueven. Y como broche de oro la presentación del producto tenía una versión en español que había sido traducida por algún sistema automático, resultando en que Millenium Bug Fix se convirtiera en Bicho Milenio Repara. Era estupendo, era irresistiblemente encantador.

El segundo pilar de nuestro futuro imperio económico era la Centurion Card, que no era la exclusiva tarjeta American Express de color negro (4), sino una placa con circuitos impresos, que se colocaba en las computadoras supuestamente para compensar la falla de reloj que habría de producirse en la fecha señalada. Los fabricantes de estas tarjetas también aportaban su granito de arena a la confusión general, diciendo que su artilugio corregía incluso el efecto Croucher-Elkin , (5) llamado de esa manera por los dos estudiantes de la universidad de Wichita del Norte (6) que lo habían descubierto, y que, según ellos ¡podía afectar también a las computadoras fabricadas después de 1997!  

La estrategia era brillante: primero, crear la preocupación por el efecto Y2K. Luego, ofrecer nuestros servicios de consultoría para relevar la situación particular de cada cliente y, gracias al Bicho Milenio Repara, hacer un diagnóstico. Si el Bicho Milenio Repara decía que la computadora estaba en riesgo, venderle la Centurion Card. Si el Bicho Milenio Repara no decía nada, entonces revelarles la existencia de aterrador efecto Croucher-Elkin (7) y de todas maneras venderle la tarjeta. 

Se preguntará usted por qué no ofrecíamos directamente la dichosa tarjeta, si por una razón u otra le íbamos a decir al cliente que tenía que comprarla. 
Es que usted no comprende cómo trabaja un consultor. El objetivo no es venderle una solución. El objetivo es cobrarle por el trabajo que le dará al consultor convencerlo a usted de que tiene que comprar la solución. Y después vendérsela.

Ya habíamos echado las redes. Era cuestión de tiempo, los clientes comenzarían preguntando tímidamente, luego con más insistencia y al final se convertirían en una marea incontenible de pedidos y dinero. Mucho dinero. 

Con un emocionado recuerdo hacia aquellos pioneros del desarrollo de aplicaciones bancarias que habían decidido heredarnos sus problemas y permitirnos hacernos ricos con nuestras soluciones, nos sentamos a esperar.

(Continuará)




(1) Aquello fue un exceso de escrúpulos. A lo largo de los años me he encontrado con muchísima gente que no tiene recursos ni conocimientos y sin embargo encara cualquier proyecto. Los resultados suelen ser entre desastrosos y mediocres, pero se las arreglan para cobrar buen dinero y evitar la cárcel.
(2) Y no es que no lo intentaran.
(3) Sí, escribimos "Y2K ,productos" en un buscador de Internet. Pero no era Google, por eso fue exhaustiva.
(4) Es a la inversa, para obtener esa tarjeta, primero hay que tener el imperio.
(5) No estoy muy seguro del nombre. Pero sonaba parecido. 
(6) Tampoco estoy seguro de que fuera esa Universidad. De los que estoy seguro es de que no era una de las más conocidas.
(7) Que no, que no estoy seguro.

5 comentarios:

carancho dijo...

La intriga me carcome, Don Bugman.
Espero ansiosamente la continuación.
Aunque, si la memoria no me falla, no vino el fin del mundo, informático o no.

Capitan Manchas dijo...

¿Croucher-Elkin no son unos bomboncitos crujientes que venden en las tiendas?.

Martin R dijo...

Ud.no será socio de Claudia Bello, no ?

Julieta dijo...

Qué verseros!! bueno, adelante, que estoy intrigadísima..

donde estudiar nutricion dijo...

tenés que ir a ushuaia y conocer el verdadero fin del mundo!!!

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