martes, 13 de septiembre de 2005

Bugman contra las corporaciones


Si hay algo que tengo decidido para mi futuro, es que cuando esté jubilado y no tenga gran cosa que hacer durante todo el día me voy a convertir en un viejo francamente molesto. Pero el blanco de mis afanes perturbadores no será la gente común (para los que tengo reservada una actitud entre desagradable y amenazadora) sino las empresas.
Ah...en los momentos en que la actividad diaria me agota, cuando fantaseo con largar todo, la imagen de un viejito escribiendo cartas (o e-mails, que el hecho de ser viejo no me va a hacer alvidarme de la tecnología) a las grandes corporaciones exponiendo toda clase de quejas, denunciando la mala calidad de sus productos y servicios, desenmascarando sus burdos engaños y convirtíendose en la piedra en el zapato de todos y cada uno de los ejecutivos encargados de Relaciones Públicas me da una razón para no desmayar y proseguir en mis esfuerzos.
A modo de entrenamiento, por ahora, me metí con Falabella y Motorola:

Hacia el mes de mayo de este año, mi novia me regaló un teléfono celular muy bonito, marca Motorola, modelo V180. Comparado con el que tenía antes (el venerable StarTac) , este representa un salto tecnológico de vértigo. Puedo enviar y recibir mensajes de texto, navegar por Internet, ponerle musiquitas diferentes según quién me llama, cargarle fotos, usarlo como despertador, reloj, agenda y calendario. Tiene pantalla color y un diseño elegante, y además las baterías duran unos cuantos días. Adicionalmente, a veces hasta puedo hacer y recibir llamadas telefónicas! Si bien he perdido un poco del aspecto excéntrico que me daba el hecho de tener un teléfono celular vetusto en una época en que todo el mundo cambia de aparato como de corbata, en verdad he ganado con el regalito.
Pero ¡Ay! ¡Qué poco dura la felicidad tecnológica! A las pocas semanas el flamante ingenio comenzó a presentar una falla (no los voy a aburrir con detalles, bastante aburridos deben estar para leer esto). Lo llevé al centro de reparaciones, y allí comenzó mi odisea. Hasta la fecha, este simpático aparatejo ha sido reparado un total de cinco veces, y todavía tiene problemas. Las chicas del "service" ya me saludan por mi nombre, y mi caso se comenta entre ellas. He pedido a Motorola que me cambie el adminículo varias veces, y nada. Me dicen que si no anda, lo lleve a reparar. Bueno, me cansé.
La semana pasada fui a Defensa del Consumidor y levanté una denuncia contra Falabella S.A. (que le vendió el telefonito a mi novia) y contra Motorola S.A. (que son responsables por la garantía). Me dieron audiencia el 21 de septiembre, y aprovechando que es el día de la primavera me voy a enfrentar contra los representantes de esas dos empresas y les voy a dejar el c**lo como una flor (disculpen el exhabrupto, pero también estoy practicando para convertirme en un viejo malhablado, que será capaz de sonrojar a un pirata a pura palabrota).
No pasarán!
Prometo tenerlos al tanto de mi cruzada por los consumidores.

Buenas Noches

1 comentario:

RonaldusXVI dijo...

No querés manejarme la causa llamada "porque me desfloran los guachos del club nautico agregando cuotas extraordinarias donde no debería haberlas"?

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